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martes, 3 de junio de 2014

Quiero ser casa de acogida

La figura del "acogedor" constituye un fenómeno relativamente reciente en nuestro contexto. Siempre que pensamos en protectoras, nos viene a la cabeza la imagen de un recinto donde convive como puede un número demasiado elevado de perros. Es fácil entender que no es sitio para animales enfermos, operados o lactantes. Por eso, algunas asociaciones trabajan con casas de acogida, esto es, domicilios de particulares que se encargan de cuidar animales hasta que se recuperan o son adoptados. Nosotros siempre hemos trabajado solo con casas de acogida. Es una opción que permite ofrecer una atención personalizada, ya que el acogido vive en una familia con la que recibe atención y cuidados, además de socialización y educación. Es uno más. Las desventajas de este método vienen precisamente de ese contacto estrecho. Muchos acogedores pasan a ser adoptantes porque ya no se ven capaces de separarse de ese animal. Otro problema es la carencia de casas de acogida. Su número determina la cantidad de animales a los que se puede ayudar. Acoger aún es una opción minoritaria. Si dudas, aquí tienes algunas preguntas resueltas.

Romita, sacada de un contenedor, no hubiese sobrevivido sin casa de acogida

¿Quién puede ser casa de acogida? Cualquiera. Hacemos entrevista previa para decidir qué animal se ajusta a tus características. No se trata de darte el primero que llegue, debe haber adaptación entre las necesidades de ambas partes. Por ejemplo, por mucho que quieras cuidar de un cachorro si casi no estás en casa, la convivencia será problemática para ambos. Hay que contemplar factores como horarios, disponibilidad, experiencia o espacio. Con esto conseguiremos una acogida satisfactoria para todos.
¿Cuánto tiempo dura una acogida? El que tú quieras, independientemente de que el animal encuentre adoptante o no. Lo ideal siempre sería que pudieses atenderlo hasta encontrarle familia, pero somos conscientes de que esa espera puede durar años. Solo con que puedas acoger durante tu mes de vacaciones, por ejemplo, sacas a un animal de la calle, se recupera y tiene más posibilidades de difusión.
¿Qué trámites hay que hacer? Tras la entrevista, cuando decidas acoger, firmamos un contrato en el que se deja claro que el animal pertenece a la protectora, se indica el estado en el que se entrega y, de ser el caso, la duración de la acogida.
¿Qué pasa si el perro acogido muerde a alguien? Debes contactarnos inmediatamente. El animal está bajo nuestra custodia y eso incluye responder ante cualquier daño. Nuestro teléfono está disponible para ti las 24 horas.
¿Y si el animal enferma, lo atropella un coche o cualquier otra emergencia? En el contrato de acogida figura el teléfono del veterinario al que debes dirigirte. A la vez, debes avisarnos, pues tutelamos al animal y somos responsables de tomar cualquier decisión, así como de abonar el importe de la consulta.
¿Cuesta dinero acoger? No. Es cierto que la mayoría de las casas de acogida corren con los gastos de alimentación, arena en el caso de los gatos o incluso desparasitaciones, pero nada de esto es obligatorio. Si no puedes, te suministramos alimentación, collar, correa, arenero o, por supuesto, cualquier otro material o tratamiento que se necesite.
¿Puedo acoger si tengo otros animales? Sí, puedes acoger respetando unas normas mínimas de seguridad. Si tienes un cachorro sin vacunar, no puede convivir con perros no vacunados. Si vives con un gato sano, no podrías acoger otros afectados de leucemia o inmunodeficiencia, salvo que los separes. Si no dispones de cuarto de aislamiento, no podrás acoger animales con enfermedades infecciosas como sarna o tiña. De la misma manera, si tu animal está sin esterilizar, hay que tener especial cuidado.

Vento tuvo que estar aislado las primeras semanas a causa de la sarna que padecía. Nadie se contagió en su casa de acogida

¿Y si, aún con todas las precauciones, la convivencia no es posible? Nos llamas y volvemos a hacernos cargo del animal. Solo te pediremos unos días para gestionar la nueva ubicación.
¿Qué pasa si lo quieren adoptar y no puedo dejarlo marchar? Las casas de acogida tienen preferencia en la adopción... y ese es el gran riesgo de acoger. Pocas experiencias hay más satisfactorias que salvar a otro del sufrimiento. La relación que se forja es irrompible y, a veces, eso se traduce en la imposibilidad de dejarlo marchar. Es un riesgo que hay que asumir. Pero también se puede aprovechar: hay personas que comienzan como acogedoras para averiguar si son capaces de ser adoptantes definitivos. Perdemos una casa de acogida pero hacemos feliz a una familia.
¿Tienes más preguntas? Consúltanos. Sin moverte de tu casa, puedes hacer mucho.

Nadie quiso acoger a Teca cuando su adoptante nos la devolvió


viernes, 23 de mayo de 2014

Animales de usar y tirar

Charol en su actual casa de acogida

Charol es hija de una bóxer que se cruzó con quien no debía... O eso le pareció a sus dueños. Los cachorros mestizos no se venden y dan gastos... Mucho mejor deshacerse del problema. Por suerte, en la clínica veterinaria se negaron a eutanasiar (menudo eufemismo) a esos nueve recién nacidos. Llegaron muy débiles y solo cinco sobrevivieron a la ausencia de madre, a la leche de bote. Justo a los dos meses, Charol fue adoptada. Al año y poco la devolvieron.
Teca y Castor nacieron en la calle. Su madre, perra de caza abandonada, sacó adelante una camada de seis. Pasaron hambre, pulgas y sarna. A los dos meses y medio, ya recuperados, fueron adoptados. A Castor lo devolvieron al poco. A Teca siete meses después.
¿Por qué?
Hacemos una entrevista previa a los adoptantes, dos o más personas para que la responsabilidad no recaiga solo en un entrevistador. Se les informa, se les pregunta. Se les entrega un animal sano, con desparasitaciones y vacunas al día. Con microchip y fecha aproximada de esterilización, caso de adoptar un cachorro. Firman un contrato que les compromete a un seguimiento y a nosotros a recoger al animal si por alguna circunstancia no pueden/quieren seguir teniéndolo.


Castor no lo pasó bien las semanas siguientes a su devolución

Los adoptantes comprenden y aceptan la responsabilidad que supone hacerse cargo de un animal. Pero algo falla, algo que va más allá de firmar un contrato, algo de base, de educación. Si busco piso y en el que me gusta no aceptan animales... lo devuelvo. Si me cuesta conseguir que el cachorro haga pis fuera de casa... lo devuelvo. Si no es lo que yo esperaba... también lo devuelvo. Y gracias que firmamos esa cláusula. No quiero ni pensar que pudiesen acabar en una perrera o peor...
Falta conciencia. Falta asimilar que un animal es un miembro de la familia, que lo escogemos nosotros y que debemos responsabilizarnos siempre, aunque enferme o ladre o me den la baja por depresión. Yo puedo cambiar la realidad, él no, no tiene elección, solo sabe que nos quiere por encima de todo y para siempre. Porque es cierto que él nunca lo haría. Y nadie dijo que fuese fácil, hay que tener paciencia, hay que esforzarse, porque les pedimos que vivan en un mundo de humanos, hay que querer. Y, quizás, ese sea el problema, no vivimos en una cultura que valore el esfuerzo. Al contrario. Cultura desechable. Animales de usar y tirar.
Lo que no ven los ex-adoptantes, esos que se van con la conciencia tranquila, es a Charol, que se pasa una semana sin probar bocado, preguntándose dónde está su manada. No le cuentan las costillas a Castor, que pasa días tumbado en el mismo sitio, la mirada perdida, esperando. Tampoco van a ver a Teca, cuando sus ojos me interroguen y yo no sepa qué decirle...

Teca, la devuelven tras siete meses de adopción

Por favor, si algún día quieres devolverme un animal, ahórrate las explicaciones. No me sirven las excusas, salvo que te hayas muerto pero, en ese caso, no creo que me llames tú. Dáselas a tu perro porque, mientras te autojustificas, no te escucho, solo pienso en buscarle un hogar de verdad al animal que tú ya no quieres.