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lunes, 20 de noviembre de 2017

Justicia



Voy a contaros una historia larga, larga por la necesidad de que quede bien explicada, y, también, por la necesidad de pediros ayuda y mostrar el caso como advertencia para todos aquellos que recogéis animales.
                A finales de noviembre de 2015 volvía yo del monte con los perros cuando comenzaron a ladrar. Escuché voces y otros perros. Era jueves, podían ser cazadores, pero deseché la idea: llevábamos por aquel entonces 2-3 llamadas al 112. No iban a ser tan tontos como para cazar tan cerca de las casas. Otra vez. Apuré el paso, los perros conmigo, volvieron a casa y a la del vecino. En este punto hay que explicar que esto es monte. Vivimos en una aldea abandonada con solo dos casas en pie. No hay coches ni gente ni nada de nada, solo unos vecinos que vienen temporadas y adoran a los perros. Ellos están sueltos, generalmente en los alrededores de nuestras casas, aunque también visitan el pueblo de al lado y el de arriba. Los vecinos los conocen y saben de dónde son. No es raro aquí que los perros estén suelos. A veces viene gente que tiene tierras o árboles. Los perros les ladran y nada más. Nadie tiene ningún problema con ellos. Excepto los cazadores.

Aquí vivimos solos. No es un pueblo, es campo y monte.
                Al día siguiente de ese "encuentro", viene una patrulla del Seprona. Al llegar, los perros se acercan a ladrarles. Hablan con mi pareja, en ningún momento conmigo, que estoy dentro de casa y no me entero de nada hasta después. Le preguntan si los perros son suyos porque una persona los ha denunciado. Él les explica que los tenemos en régimen de acogida, como protectora de animales. Preguntan si tienen chip. "Algunos sí y otros no, que son los que esperan adopción". Ante su petición, él mismo les inmoviliza dos perros para que les pasen el lector. Uno tenía y otro no. Detallo esto para que se vea como desde el primer momento colaboramos y explicamos. Podría haberles puesto dos perros con chip y decirles que todos lo tenían, ya que no les pasaron el lector a todos. Pero no somos así. Nosotros no somos los que mentimos. Mi pareja les da mis datos por si necesitan más explicaciones sobre la protectora. Les pregunta de quién es la denuncia pero le dicen que ese dato nos llegará en una carta que recibiremos.
                Unos días después un agente me llama por teléfono y me dice que no podemos tener a los perros sueltos. Ese tema es de competencia municipal. En el Ayuntamiento los y nos conocen perfectamente (somos 1500 vecinos), tanto los conocen que la mitad nos llegaron a petición suya. Entonces me dice que tienen que tener el microchip. Le explico que no son míos, que somos una protectora que los cuidamos en casas de acogida hasta encontrarles un hogar, momento en el que se chipan. Me pregunta por los papeles de la asociación. En ese momento aún no estaban entregados. Entonces me dice que tiene que avisar al ayuntamiento y que va a llamar a la Xunta para que, palabras textuales, "agilicen el papeleo". Yo ya no le digo más pero me sorprendo porque la inscripción no la íbamos a hacer en la Xunta y, además, no se necesita registrarse en ningún sitio para constituirse como asociación, tan solo debe existir una voluntad manifiesta de tres o más personas. El registro se hace a efectos de acceso a subvenciones y para dar confianza a los colaboradores. No es obligatorio. En los 17 años que llevo con protectoras, nunca he pedido una subvención. La práctica totalidad de personas que colaboran a día de hoy conmigo lo hacen porque me conocen personalmente y esa ayuda económica se basa en unas cuantas madrinas y padrinos y los miembros del grupo teaming (15 en la actualidad, a ver si alguien se cree que vivimos de esto).
                Así las cosas mi sorpresa en mayúscula cuando me llega una carta de Medio Ambiente en la que se me solicitan los números de chip de los perros. Si no, inician expediente sancionador. Inmediatamente llamo al teléfono que indican y pregunto por la funcionaria que firma la misiva. Le explico el tema. Según mi información y consultas a varios abogados animalistas, al ser protectora y no "propietaria", no se chipa. De suceder algo, la responsabilidad está cubierta por la asociación. De hecho, ya pasó "algo" (no me voy a extender, quien tenga curiosidad que me pregunte) hace muchos años y respondí yo a título personal por llevar el perro y la asociación como su titular. Mi información era antigua así que quizás en estos años había cambiado. Por ello lo consulté con la funcionaria. Le dije que la prueba la tenía en que los perros de las perreras de la Diputación no tenían chip hasta que salían adoptados. Me dijo que desconocía el dato porque no hacía trabajo de campo, pero que le parecía lógico lo que le estaba exponiendo y, por tanto, lo iba a consultar. Si tenía que chipar a los perros me llamaba. Como veis, no solo colaboramos y dijimos la verdad desde el principio, sino que estábamos dispuestos a chipar si estábamos equivocados en nuestras informaciones. Lo digo para que quede claro que nunca ha habido ánimo de saltarse las leyes ni mucho menos con conocimiento. Le pregunto, además, quién ha denunciado. Según ella, el Seprona. No le consta denuncia de un tercero. Y denuncian por estar los perros sueltos y sin chip y porque me he negado a entregar las cartillas. Me indigno y le digo que en ningún momento me he negado a enseñarlas ¡porque en ningún momento nos las pidieron! Y aquí la funcionaria dice la frase clave del caso: criterio de autoridad. Si ellos lo dicen, así es. Mi palabra no vale. Da igual que me hayan mentido, que pongan una fecha que no fue, que mientan en la denuncia, que yo ni la haya visto. No importa, son los que llevan el uniforme y eso es lo que vale.
                Llamo al Seprona para pedirles esa denuncia de un tercero que, decían, me iban a mandar por correo. El agente me responde que no me la pueden dar por protección de datos. "Digo yo que si tengo que defenderme de una denuncia, al menos tengo que conocer de qué se me acusa". Entonces, de repente, ya no me la puede dar porque la tienen en Medio Ambiente. Que se la pida a ellos. Claro, lógico que no tengan copia (?). Nuevamente en Medio Ambiente me dicen que no me la pueden dar hasta que no se haya iniciado el expediente. Por suerte, del ayuntamiento también me envían una carta por el tema y tienen a bien adjuntar copia de la denuncia. Como me daban un plazo para entregar los números de chip, envío los que tengo, información de los otros perros y la documentación de la protectora, en trámite en ese momento.
                La funcionaria nunca me llamó. La siguiente noticia es una carta en la que se me informa de la apertura del expediente sancionador por un importe de 450 euros. La llamo yo. Le repito el argumento y, en un tono desagradable, me dice que denuncie a las perreras de la Diputación. Gracias a una colaboradora pongo el caso en manos de un ex trabajador de Medio Ambiente al que todo le parece un despropósito porque consideran la infracción grave en base a la legislación de perros potencialmente peligrosos, cuando ninguno lo es. De esta forma puede sancionar Medio Ambiente, si no sería competencia de nuestro ayuntamiento. Este hombre nos hace el favor de redactar la carta de respuesta, añadiendo alegaciones sobre el procedimiento, que a mí se me escapan y que, a su parecer, me dejan en situación de indefensión. Tiene claro que la denuncia no puede prosperar. Aún así, decidimos chipar a los perros, anticipándonos a posibles futuras "visitas".

Unos perros muy peligrosos...

                Desde ese momento, años 2016, da comienzo un intercambio de cartas que se prolonga hasta diciembre. Para no extenderme más (a quien le interese que me las pida), ellos insisten en aplicar legislación relativa a perros peligrosos. Mantienen afirmaciones como la de que solo se puede ser protectora teniendo refugio (es falso) o que han preguntado a los agentes y es verdad todo lo que escriben en la denuncia (¿van ellos mismos a decir que es mentira?). Yo insisto en que los perros no son peligrosos y aporto información legal sobre constitución de asociaciones y sus requisitos. La última carta la entrega en mano mi pareja, veterinario, con las cartillas donde otro veterinario actuante de la Xunta escribe que ninguno es de raza peligrosa, más una carta del ayuntamiento en la que lo confirman, además de añadir que no les consta ningún altercado con los perros. La funcionaria le dice que les obligan a tramitar así todas estas denuncias. De repente, la respuesta ya no la recibimos de nuestra oficina territorial, en Ourense, sino desde Santiago, sin que medie explicación.
                Desde nuestra última respuesta (recurso de alzada, me entero después) hasta su contestación, pasan diez meses. La Administración puede contestar cuando le da la gana, los administados tenemos plazos. Desestiman mi recurso y lo único que aceptan es rebajar la sanción, por haber puesto los microchips, de 450 a 300 euros. Consideran cerrada la vía administrativa y solo me queda interponer recurso contencioso, para lo que se requiere, como mínimo, abogado. En vista del "criterio de autoridad" que se gastan me temo que solo servirá para tener que pagarles más dinero, así que no me queda más remedio que pagarles ya.
                Agradecería vuestra ayuda y, sea cual sea, a cambio os ofrezco un curso para propietarios de perros y gatos, con información imprescindible para sus cuidados. Tendrá lugar online durante febrero de 2018, articulado en tres bloques sobre comportamiento, higiene y salud. Escribe a patasarribaprote@gmail.com
                Muchas gracias.

lunes, 27 de junio de 2016

S.O.S.

Fotografía de Pro Animales Carballiño
Esto es la perrera. La perrera que pagamos con nuestro dinero. Esparcida por el suelo, compartiendo espacio con heces y orina, la única comida que los perros reciben: pollo crudo. Su cama es la madera dura, la humedad insana, los manguerazos. Campos de extermino en el quinto pinto donde tan solo el voluntariado difunde a los desgraciados que caen allí. Y los responsables no hacen más que ponerles pegas. Una mierda les importa la vida de estos perros. Solo un recinto donde tenerlos cerrados, malcomidos, con una atención veterinaria mucho más que cuestionable. Lo único que les importa es mandarte un lacero si llamas porque te has encontrado un perro abandonado. Lo único que les importa es tu voto para seguir calentando sillón. ¿El destino de los perros? Ellos no votan. Los dos perros de la foto son Tino y Lalo. Fueron dejados en la perrera por su dueño. Porque puede, porque son viejos, porque no sirven, porque se ha cansado. Los tira como basura y aquí no pasa nada. Los condena a muerte. Una muerte atroz. Y tan tranquilo sin conciencia se acostará a dormir. Y tan tranquilo el que manda le ha "resuelto" el problema. Y él vota. Tino, el de delante, ha muerto. Lo han cosido a dentadas sus compañeros de encierro. Perros confinados la vida en un espacio reducido. Se matan. Se matan y a nadie le importa. A nadie le duele el miedo, el dolor de los dientes clavándose, los ladridos, los gritos intentando aferrarse a la vida, la sangre mezclándose con carne y mierda. Perros solos todas las tardes, los domingos, los festivos. Y nos queda Lalo, el de detrás, un viejito que ha visto morir a su compañero, que tiene miedo, el olor a miedo capaz de desencadenar un nuevo ataque. Corre peligro. Una vida de mierda, el abandono, la muerte de su único referente en la perrera, el miedo, la soledad, la vejez. A Lalo hay que sacarlo ya. Que no se nos muera dentro. Por favor, rogamos acogida o adopción. El tiempo corre en su contra.

martes, 14 de junio de 2016

La perrera o la vida

Leila en la perrera
En ese lugar perdido, frío, cemento y tablas de madera que se pudren a manguerazos, pollo crudo en el suelo, mezclado con heces y orina. En ese lugar que tú y yo pagamos, se apagaba Leila. Gracias a los compañeros de Coidaocan y Luna Perrines, ha podido salir del infierno. Nosotros tuvimos el honor de acogerla y transportarla hasta su nueva acogida, porque Leila está en adopción, necesita ya una familia, ya un final feliz. Y nuestra obligación es terminar con esos antros denominados perreras y, mientras, no nos cuesta nada viajar con un animal de la perrera a la vida.

Leila, ya bañada, a punto de salir para la protectora














martes, 31 de mayo de 2016

A cinco minutos...

A eso estamos de mandarlo todo a la mierda. Porque las administraciones pueden incumplir y no pasa nada. Para ellas no hay plazos. Hacen lo que les da la gana. Porque los agentes que deben proteger son los primeros que se saltan la ley y encima mienten y tu palabra no vale nada por el puñetero "criterio de autoridad" o, dicho en fino, te callas y te aguantas que aquí mandamos nosotros y/o nuestros amigos. Porque los departamentos que deben perseguir el abandono y el maltrato se lavan las manos y sus geniales soluciones son perreras para seguir llenándose los bolsillos y de paso poner trabas a los que, sin subvención alguna, venimos haciendo un trabajo que debería corresponderles. Perdiendo dinero y salud. Porque lo que te dicen es lo contrario de lo que te escriben y ya te puedes dar de cabezazos contra un muro. Todo es inútil contra esta panda que firma expediente y les importa un comino el destino de los animales. Los animales no votan. Los centros dependientes de la Xunta incumplen la legislación de la propia Xunta. Y aquí no pasa nada. Asco.

lunes, 21 de marzo de 2016

Mi vida no vale nada

Mírame a los ojos. Mañana por la mañana mi dueño va a venir a buscarme en su coche. Me pondré muy muy contenta. Lo quiero, lo adoro. Coche significa que me va a llevar a correr al monte. Pero donde paramos no crece la hierba, solo huelo perros, gatos, animales que ladran encerrados, asustados, nerviosos. Mi dueño, ¿qué está haciendo?, me entrega a una mujer y me atan en un cuarto frío y oscuro. Oigo el motor y, no, no puede ser, se va e intento liberarme, salto, ladro, chillo hasta desgañitarme, hasta quedarme afónica y tengo miedo, pánico. Me destrozo el cuerpo, la voz, el alma. No sé el tiempo que pasa hasta que él llega, otro hombre que bruscamente me coge, me inmoviliza, me pincha, me inyecta y solo pienso en él, en mi dueño, ¿dónde está?, y los ojos se me cierran. Me muero. Me matan. Me han matado en la perrera. Silencio. ¿A quién le importa? Soy solo una perra. Nadie tuvo un hueco, nadie tendió una mano. "Qué pena", dirás, "qué injusto", "qué mierda", "qué cabrón de dueño". Y seguirás con tu vida tú que puedes. Mañana voy a morir. Yo no lo sé pero tú sí.

martes, 9 de febrero de 2016

Matar perros


Sí, el dinero de nuestro ayuntamiento, nuestro dinero, se destina desde el 1 de enero a financiar un campo de extermino. Una perrera perdida que no visita nadie. Pena de muerte. Invisibles. Alimentados con despojos, sin atención veterinaria, solos todo el fin de semana. Agonizantes. Ahí va nuestro dinero, a enriquecer empresas de amigotes que cobran por perro recogido. A matar perros con la desgracia de haber caído en manos de impresentables. Impresentables los que abandonan. Impresentables los que gestionan. Limón, Yita y sus cachorros, Copérnico. Todos habrían muerto allí. No lo vamos a consentir.

https://www.change.org/p/que-la-red-de-perreras-de-la-diput…

viernes, 26 de septiembre de 2014

Cuando se pierden

Pumbita, te esperamos
A raíz de la desaparición de nuestra querida Pumba (http://patasarribaprote.blogspot.com.es/p/urgencias.html) vemos pertinente escribir sobre los pasos a seguir en el caso de que nuestro peludo desaparezca.
Lo más importante es prevenir antes que curar. La colocación del microchip garantiza que puedan contactarnos. Pasando el lector, lo que hacen en cualquier clínica de forma gratuita, un veterinario tiene acceso a nuestros datos. Por ello es muy importante que el teléfono que figura en el chip esté actualizado. Ojo con no microchipar a los gatos. Aunque no salgan de casa, puede surgir cualquier imprevisto en, por ejemplo, una salida al veterinario o un viaje.

El tamaño del microchip comparado con un grano de arroz
Obviamente, también son importantes medidas como un buen cierre de la finca, asegurarse de que puertas y ventanas no pueden ser abiertas por ellos o, simplemente, no soltar al perro si no sabemos si nos obedecerá. No está de más mantenerles puesto un collar con nuestro teléfono de contacto actualizado.
Una vez la desaparición se ha producido, es muy importante comunicarla a Policía, Guardia Civil y Registro correspondiente donde hayamos dado de alta el chip. Así se tiene constancia de que no lo hemos abandonado y de que lo estamos buscando.
El siguiente paso es contactar con perreras y protectoras de la zona y alrededores, dando todos nuestros datos y los del desaparecido. Mejor si incluimos foto que podemos entregar en mano o enviar por correo.
Las clínicas veterinarias son otro lugar que debemos visitar. A veces el animal es encontrado por particulares que acuden a su centro veterinario.
Nos queda hacer carteles para pegar por la zona donde ha tenido lugar la desaparición y todos los establecimientos concurridos de los alrededores (cafeterías, supermercados, farmacias...). Las marquesinas de autobuses son otra buena opción. Recomendamos ofrecer recompensa.
Cartel para la búsqueda de Pumba
Puedes, también, contactar con las empresas de recogida de animales fallecidos. Incluso con el servicio de limpieza y recogida de basuras. Es la opción que nadie quiere pero, al menos en mi opinión, cualquier final antes que la incertidumbre.
Por último, la difusión por internet, a través de las redes sociales que, hoy día, se han convertido en una herramienta que permite llegar a prácticamente todo el mundo.
No desesperes, pueden pasar semanas antes de que aparezca, incluso más, pero se han dado casos de felices reencuentros tras mucho tiempo de ausencia.
Ojalá vuelva nuestra Pumba... Ayúdanos a difundirla.

Pumba te queremos en casa