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martes, 31 de mayo de 2016

A cinco minutos...

A eso estamos de mandarlo todo a la mierda. Porque las administraciones pueden incumplir y no pasa nada. Para ellas no hay plazos. Hacen lo que les da la gana. Porque los agentes que deben proteger son los primeros que se saltan la ley y encima mienten y tu palabra no vale nada por el puñetero "criterio de autoridad" o, dicho en fino, te callas y te aguantas que aquí mandamos nosotros y/o nuestros amigos. Porque los departamentos que deben perseguir el abandono y el maltrato se lavan las manos y sus geniales soluciones son perreras para seguir llenándose los bolsillos y de paso poner trabas a los que, sin subvención alguna, venimos haciendo un trabajo que debería corresponderles. Perdiendo dinero y salud. Porque lo que te dicen es lo contrario de lo que te escriben y ya te puedes dar de cabezazos contra un muro. Todo es inútil contra esta panda que firma expediente y les importa un comino el destino de los animales. Los animales no votan. Los centros dependientes de la Xunta incumplen la legislación de la propia Xunta. Y aquí no pasa nada. Asco.

jueves, 11 de febrero de 2016

Contra el toro de la vega

Patas Arriba, contra el Toro de la Vega
Todos los años pienso que lo conseguiremos pero según se acerca septiembre tu sangre por derramar me golpea. Me matan un trocito. Elegido, ¿qué delito cometiste contra nosotros naciendo? No entiendo que a unos muchos nos sea imposible frenar la barbarie de unos pocos, sostenidos por otros pocos de corazón aún más podrido. No entiendo que tampoco tú. ¿Cómo te explico tu destino? Palabras que no apartan las lanzas de tu cuerpo. Elegido,vencida, te pido perdón, a tres días de tu muerte, ahora que vives, respiras, gozas, sientes como yo. Que no puedo salvarte de tu infierno. Deseo que fallezcas de muerte natural antes de que te alcance la primera lanza, antes de que te llegue el primer grito de turba embrutecida, que no tengas tiempo a preguntar por qué, ni a buscar con tu mirada alguien amigo. Que no sientas el miedo. Mi miedo. Que descanses en paz. Y que tus asesinos y sus cómplices jamás la encuentren. Perdóname, Elegido.

martes, 9 de febrero de 2016

Por qué no damos perros a cazadores

Hay gente que sale al monte mata un animal y se lo come. En ocasiones les acompaña su perro, en ocasiones no. De ellos no va a este post. En más de 20 años de recogida de animales abandonados y trabajo en clínica, voy a hablaros de los cazadores que conozco, los que usan perros como una herramienta más. Son los que llegan a la clínica con perros destrozados por jabalís. Los que entran con cachorros con parvo, sin vacunar y sin quererse gastar un euro en la medicación que los puede salvar. Los que traen perros en las últimas cuando ya poco hay que hacer por ahorrarse una consulta a tiempo. Los que los alimentan con pienso del peor entre el peor. Los que te exigen rebajas en chips y vacunas. El olor. El olor de todos esos perros. A miseria. Encerrados en cuchitriles. Atados a un palmo. Entre la mierda. Son aquí podencos, grifones, ratoneros, bracos y sus cruces. No cuento los cockers, no. Jamás en otros perros encontré tanto miedo, tanta sumisión. Piden permiso para respirar. Para comer. Pánico. Nos tienen pánico. No saben que las manos también acarician. No saben qué es jugar. Si no saben cazar, si envejecen, si enferman, si se preñan, si no los colocan todos... los abandonan. Como poco. Los he criado a biberón. Los he recogido comidos por la sarna y el miedo. He tardado horas en poder acercarme. Les he visto el estómago lleno de tierra desesperada cuando no hay otra cosa que comer. He visto perdigonazos agujerear sus cuerpos. Miembros rotos. Cáncer. Parásitos. Toneladas. He tenido que ayudarlos a morir. Por respeto a todos ellos, no, no doy perros a cazadores.

Por qué votamos PACMA

Porque estamos hartos de recoger perros de caza medio muertos y aterrorizados. Como Limón. Hartos de que cualquiera pueda abandonar, maltratar y disparar. Como a Lupa y su familia. Hasta las narices de que un animal sea un objeto del que te deshaces y lo llamas "eutanasia". Y hartos de que veterinarios se presten a ello. Como Charol y hermanos, llevados a asesinar por no ser de raza. Hartos de llamar tradición a la tortura. Hartos de palabras que nunca son hechos. Hartos de recoger vidas de la basura. Hartos de recoger envenenados, atropellados, apaleados. Hartos de una ley insuficiente que encima no se aplica. HARTOS. Ellos no votan, tú sí.

Votemos PACMA

Si todas las personas implicadas, de una u otra manera, en protectoras, santuarios, en movimientos animalistas, votásemos al PACMA, conseguiríamos, sin duda, representación parlamentaria para que se oiga a aquellos que no tienen voz, que solo sufren. Votar al PACMA es que te importa que los abandonen, los torturen, los asesinen impunemente. Votar al PACMA es darnos aire a las protectoras, santuarios, animalistas que, día a día, con más corazón que medios, luchamos contra la indiferencia de las instituciones, que no de buena parte de la población que apoya la tolerancia cero frente a los maltratadores. Esos que pagan, esos que votan. Si no votas tú, animalista, activista, tú, tú que sufres cuando ves desangrado a Rompesuelas, tú que lloras, sí, lo haces, cuando los ves cadáver en cunetas o vagando como almas de nadie. Si no votas tú, ¿quién? Si no votas ahora, ¿cuándo? Mañana ya es tarde para muchos. Barís y Su, en la foto, tirados en una bolsa de plástico cerrada en pleno monte, su hermano muerto, comidos por las larvas de las moscas en sus cuerpos de pocos días de vida. Ellos no votan, tú sí. Es tu responsabilidad.

viernes, 30 de mayo de 2014

Malos tiempos para los animales

Sí, no tenemos dinero, en lo último en lo que pensamos es en añadir otro gasto. Pero, ¿cuánto cuesta un perro? Nuestros animales se entregan desparasitados interna y externamente, vacunados y esterilizados. El adoptante paga el microchip. Hoy día por poco dinero se compra pienso. La desparasitación externa se hace una vez al mes. La pipeta más grande, para perros de 40 kg, cuesta unos 10 euros. La desparasitación interna es cada tres meses. La pastilla, para 5 kg, cuesta sobre 3 euros. La vacuna es anual, unos 30. Claro que siempre puede haber gastos extra... De acuerdo, no podemos permitirnos un perro. Ni un gato. Pero, ¿por qué no acogemos? Solo se nos pide un hueco, con los gastos corre la protectora. Entonces, repito, ¿por qué no acogemos? Y, ¿de verdad no adoptamos? Si estos cachorros fuesen de raza no estarían aún buscando hogar. Crisis de valores.
Caracas, León, Lupa, Castor y Teca son cinco hermanos nacidos en agosto de 2013 en la calle. Su madre, Yita, fue abandonada. Maltrato, hambre y miedo fueron su compañía. Una superviviente que sacó adelante su camada. Se los estaban comiendo las pulgas cuando los recogimos, con poco más de un mes de vida. Estaban hambrientos. Tenían sarna. Fueron semanas de tratamiento. Todos se recuperaron y Teca fue la primera en ser adoptada. Fue a vivir a un piso en la ciudad. Nos cuentan que es muy buena, obediente y cariñosa. Pero se ve que no fue suficiente. A Teca nos la acaban de devolver, siete meses después de su adopción. Es la más pequeña de la camada, unos 10 kg, peluda, un pelaje tricolor único, juguetona, le encanta correr y se lleva bien con perros y niños. Aún está desubicada, preguntándose por qué, por mucho que le digamos lo buena que es, sus ojos siguen interrogándonos...

Teca, la devolvieron tras siete meses de adopción


Poco después que a su hermana, adoptaron también a Castor. Dicen que es muy cariñoso y tímido. Le asusta la ciudad, no está acostumbrado a ruidos y coches. Al poco tiempo lo devuelven. Lo pasa mal, sus hermanos no lo aceptan bien. Tarda semanas en integrarse en la manada, casi no come y está triste, no se mueve del huequito que ha escogido. Poco a poco se hace inseparable de WiFi, Limón y Morgue, con los que le gusta salir a pasear. Vuelve a ser feliz. Es cariñoso, le gustan los niños, aunque tiene la manía de jugar cogiéndolos con los dientes. Nada que no se corrija con paciencia. Pesa unos 13 kg y es el único que falta por esterilizar. Pasará por quirófano en breve.

Castor tardó en integrarse a su vuelta


La otra chica de la familia es Lupa, una perra preciosa, negra y fuego, por la que, incomprensiblemente, nunca nadie ha preguntado. Pesa sobre 14 kg. Sin problema ni con perros ni con niños. Ni ella ni sus hermanos, León y Caracas, saben lo que es una correa, es decir, no están acostumbrados a la ciudad. Todos los perros pueden aprender, pero necesitan paciencia. Lupa le debe su nombre a lo exploradora que era de pequeña. La primera que se atrevió a salir. Al principio es tímida, luego cariñosa e incluso con carácter con los otros perros, sobre todo si se trata de defender la comida.

La preciosa Lupa


León es un caramelo, un perro dulce de poco más de 12 kg. Es un amor, cariñoso, bueno, precioso, peludo. Una belleza que no entendemos qué hace todavía aquí. Se lleva muy bien con perros, sobre todo con Ray, le encanta jugar con él, y con niños. Eso sí, le encanta robar zapatillas y lo que se tercie. No se puede dejar nada a su alcance. Por lo demás, un ángel con forma de perro.


El guapísimo León

Caracas es el más grandote de la familia, 16 kg. Siempre fue el más independiente, el que menos caso nos hacía a los humanos. Con los otros perros se lleva genial, con niños también. En el fondo, es reservado y le cuesta demostrar cariño aunque, como a todos, le encantan los mimos. Merece la pena darle el tiempo que necesita para sacar a la luz toda su nobleza. Solo busca que lo quieran.

Caracas investigando


Su madre, Yita, también sigue esperando su oportunidad. Nunca habíamos visto a una perra preocuparse de sus cachorros durante tanto tiempo.

Yita, una madraza


Si esta familia fuese de raza... Si quieres ayudar pero no puedes adoptar, difúndelos. Escoge al que más te guste y pon su foto en todas partes, que se entere todo el mundo porque, quien los conoce, los quiere. Gracias.

martes, 27 de mayo de 2014

La madre más orgullosa del mundo

Capitán, así lo encontraron. Gracias infinitas a las profesoras, el Seprona y La Huella Roja

Hace unos días un grupo de menores torturó al burrito Capitán en Almería. No contentos con la masacre, quedaron para rematarlo. Gracias a la intervención de profesoras, Seprona y animalistas de La Huella Roja, Capitán está vivo para contarlo.
Su imagen me golpeó en el FB. Su cuerpo inerte marrón barro tirado no esperando ya nada más que la muerte. Para qué vivir, cuánto dolor y cuántos golpes. ¿Por qué?
No me di cuenta de la presencia de mi hijo, de 29 meses, hasta que lo oí. "Está tiste". "Sí, unos niños malos le han hecho daño", intenté explicarle lo inexplicable. "No, niños malos no, ta bien e burito", repetía una y otra vez, incapaz de comprender que un niño, como él, como su hermano, pudiese golpear así a un animal. Para él son sus mejores amigos, le encantan, son todos buenos, con ellos comparte juguetes y comida, lametazos y caricias. Lo tranquilicé. "Capitán está bien, ya está contento, lo están cuidando".
Esa noche se despertó llorando. Una pesadilla. Como la que había padecido Capitán. A la mañana siguiente, lo primero que hizo fue preguntar por él, quería verlo. Por suerte, estaba mejor, ya daba unos vacilantes pasitos y mordisqueaba una zanahoria. "Niños malos pegan burito", me dijo triste. "Sí, pero ya está bien, ya está con gente buena que lo cuida. Mira, le gustan las zanahorias". "A mí tamién", exclamó. "Pues cuando lo veas os podéis comer juntos una zanahoria". "Y jugá a coches". "Sí, hijo, jugar a coches".

Capitán, recuperándose comiendo zanahorias

Me conmueve su inocencia y me enorgullece la relación que tiene con los animales, cómo los respeta y los quiere.
¿Qué siente la madre de un niño capaz de torturar hasta la muerte? No, no solo es un burro. Es que su hijo se ha cruzado con un ser indefenso y le ha parecido divertido apalearlo y violarlo y, en frío, volver para matarlo. El problema no es el burro, mañana cualquiera de nosotros, es que su hijo es un maltratador. ¿Mañana serán acaso los hijos de su hijo los que estén en el lugar de Capitán? ¿Quizás ella misma? No, no es un juego de niños. Hay que tomar medidas contra la violencia. Contra toda. Madre, aún estás a tiempo. Ojalá algún día puedas sentir el mismo orgullo que yo cuando tu hijo demuestre amor del puro, de ese que no entiende de especies.
Capitán, te abrazamos grande, amigo.

Mi hijo, saludando a una burrita

viernes, 16 de mayo de 2014

Los felices gatos de la calle

Hace no mucho tiempo, la concejala de Medio Ambiente de la ciudad de Vigo, de cuyo nombre no quiero ni acordarme, hizo unas polémicas declaraciones sobre los gatos de la calle, a fin de justificar la ineptitud de su gobierno con respecto a este tema. "Si yo fuera gato querría aire", dijo.                 
(http://www.lavozdegalicia.es/vigo/2010/09/22/0003_8740012.htm).

El problema no es la opinión aislada de este personaje, "los gatos están bien en la calle" es una máxima extendida que pretende justificar el mirar para otro lado. Los gatos tienen suficientes capacidades para buscarse la vida, sí, pero los hemos domesticado, hemos creado un mundo a nuestra medida donde es difícil que un gato sea feliz en la calle. Entre maltratadores, autopistas o venenos. Ahora son nuestra responsabilidad.
Las camadas de gatitos tirados a los contenedores, metidos en bolsas de plástico en cualquier camino, condenados a morir de hambre en cualquier monte, no quieren aire, no, buscan desesperados a una madre que no va a volver.

Romita, Lúa, Virunga y Elfo, arrojados a un contenedor. Por suerte, sobrevivieron.


Coles no quería aire, no, lanzado de un coche en plena calle, con una pata rota, lleno de hambre, deshidratación y parásitos.
Coles, extremadamente delgado, la barriga hinchada llena de parásitos. Estaba muerto de hambre. Se recuperó y fue adoptado.

Mariña no quería aire, tampoco, estaba enferma, mucho, no veía. Llegamos tarde, perdió un ojito.

Así llegó. Por suerte se salvó y fue adoptada.

Loui tampoco quería aire, no, le bastaba con que alguien acogiese su cansado cuerpecito. Estaba ciego y enfermo. ¿Durante cuánto tiempo se deterioró ante la mirada indiferente de todos? Algunos llegan para vivir, otros para morir. Loui no sobrevivió.

Loui, eras un ángel

A Sorte el aire le daba igual, solo quería resucitar a sus crías asesinadas. Con leche en las mamas, ellas no volvían...

Sorte en una revisión veterinaria. Hoy es una gata felizmente adoptada

El aire tampoco le importaba a Nero, ni a Tigris, Rois, Vilar, Samos, Rousa, Su, Cristovo, Pequeno, OjoPocho, Margot, Cósima, Miranda... y una lista interminable de animales enfermos, atropellados, maltratados, pateados, intoxicados, abandonados...
Sin tu ayuda, ellos no pueden. No, definitivamente, si tú fueras gato no querrías aire.